27 oct. 2011

CONVERSACIONES DE BUS

El otro día (espacio-tiempo indeterminado), al subirme al bus, me fijé en los asientos de al lado. Iban una madre y sus gemelos: Antonio e Iván.
La verdad es que no sé cómo empezó la conversación; sólo sé que, de pronto, Antonio le dijo a su madre:
-¡Pero entonces, saldrán los gatos salvajes!
-No.-le tranquilizó su madre- ¿Ves que se va a haciendo de día?.
Aún era de noche.
-Los gatos salvajes no salen de día.-mintió la madre.-Además, le tienen miedo a las personas.
-¿Por qué? ¿Son malas?.
Aquí intervino Iván.
-¡Pues no! ¿Quiénes son los malos: los humanos o los gatos salvajes?... ¡Los gatos!.
Esa afirmación tan rotunda, hizo que la gente que espiaba nos echáramos a reír.
-¡Pues noooo!- esa manía que tienen los hermanos de llevarse la contraria.- Yo quiero un gato salvaje.
-Y yo un león.
-¿Un león?-la madre empieza a querer intervenir.
-Síiii. Un león grande y con mucho pelo.
-El gato salvaje puede con el león- Antonio, definitivamente, era fan de los gatos.
Si había alguna duda de que los gatos eran más fuerte que los leones, por si acaso, Iván rectificó.
-Mamá, quiero un dinosaurio.
Allí ya el descojone fue general.
Los niños empezaron a echarse improperios y la madre a intentar (y recalco, intentar) conciliarlos. Cuando parecía que los hermanitos se habían calmado, Ivan dijo de pronto:
-Yo quiero un bebé dinosaurio.
¡¡Me lo hubiera comido!! ¡Qué cosa más mona!
-Los dinosaurios no existen.- ya tenía que venir la madre-adulta y chafar la ilusión.
Me entraron ganas de decirle a Iván que sí que existían, pero mi parada era la próxima y no me dio tiempo.

Lo que sí que me dio tiempo fue a recordar un pasaje similar en mi vida.
Hace unos años, cuando mi prima Julia todavía no había entrado en fase crítica-adolescente, creía firmemente en las hadas. Era tal su creencia, que ella no le dejaba los dientes al ratoncito Peréz. Se las dejaba a una hada.
Al parecer, una tarde, su tío le dijo que no existían y, como toda niña inteligente que se precie, fue a buscar a algún adulto cuerdo que le confirmara que su tío no tenía ni idea del tema.
El adulto fue su madre. Mi tía siempre ha sido muy lista. Respuesta:
-Cuando veas a tu prima (osea, yo) pregúntale a ella.
Huelga decir, tardó cinco minutos en llamarme.
-¿Existen las hadas?
-¿Qué?-cuando yo era pequeña se saludaba y esas cosas...
-Que si existen las hadas... es que...
-¡Eh! Julia, ¿tú crees en las hadas?.
-Sí- rotundo, sin derecho a replica.
-Entonces existen.- verdad categórica.

Tanto le costaba a la madre de Iván y Antonio mantener la ilusión por un día más.

Dulces sueños!

1 comentario:

Rebeka dijo...

Me ha encantado que hayas hecho de espía.
Preciosa conversación. Esa ingenuidad que tienen, esa ensoñación...nos hace creer en la vida, en la magia.

Esa sensación de decir. ¡que monooosss!, em sucede a mí cuando veo la serie "El Barco", con la niña Valeria.
Tiene unas preguntas y unas ocurrencias que te rompes de risa y de ternura.

Felices sueños!!

Voy a seguir leyendo la Orquidea Blanca de Tanière.

Besossss