9 abr. 2012

COMO HUELLAS EN EL SENDERO

«Casi deseo que fuésemos mariposas y viviéramos sólo tres días de verano. Tres días así contigo los llenaría de más placer que el que cabe en 50 años»
John Keats


Hoy iba a contaros un recuerdo que, sin querer, despertó mi amiga Rebeca. Quería hablaros de sonrisas, de lágrimas y de héroes. Quería hablaros de amor.
Pero un amigo ha lanzado una pregunta al viento de ceros y unos... que menos que responder.

¿Por qué lo bello suele ser triste?

¿A que parece fácil de responder? No lo es tanto... Aunque, mientras escribo esto, ha surgido una comparación odiosa. Hacer esa pregunta es como cuando preguntamos: «¿Por qué el chocolate engorda?»
El chocolate no engorda. Engordamos nosotros.

Lo bello no es triste. Nosotros queremos que sea triste.

Somos adictos a la tristeza y a la melancolía. Las palabras más hermosas nacen de ese sentimiento de pérdida, de ese amor idealizado y no alcanzado, de esa niñez guardada entre las líneas de un diario (o de muchos)
La tristeza y la melancolía, como ya he dicho, son huellas en nuestro camino. Huellas detenidas en el tiempo como fósiles de animales que, hoy, parecen imaginarios.
Ahí están. Quietas. Serenas. Guardando momentos inolvidables. Momentos que añoramos, que ansiamos revivir una y mil veces.
¿Sabéis por qué? Porque fueron momentos felices.
Es una paradoja.
Es una verdad.

Las canciones tristes nos gustan porque hablan de momentos felices.
Pasados sí, pero felices.
Las palabras más hermosas nacen de la desesperación, del dolor, de la nostalgia...
En un álbum de fotos no aparecen los momentos tristes. Pero, si lo pensamos bien, esos momentos tristes son los que nos han hecho fuertes, los que nos dan el valor de pasar de una foto a otra y no dejar de sonreír.

Lo dicho. Adictos a la tristeza. Es como una droga que te desinhibe; que saca, de lo más hondo de tu ser, lo más hermoso.
No te autocensuras, no te reclamas, no te pones barreras...

Pero -sí, siempre hay un pero- no te autocompadezcas.

La vida no da golpes que no podemos soportar. Esos golpes no solo sirven para inspirar canciones, relatos, cuadros... Esos golpes nos hacen más fuertes, nos recuerdan que estamos vivos.

Imaginad que sois una mariposa.

Hay una especie que vive entre 3 y 7 días. Para nosotros eso no es nada. Pero para la mariposa es una vida entera. ¿Sabéis qué hacen esas mariposas durante esos días? Buscar un amor.

Vivid la vida como si fuerais una mariposa. Vividla con intensidad, disfrutando de los momentos... Así podréis tener un recuerdo y revivirlo con nostalgia.
Y quizá así, un día, la inspiración os coja de la mano y os pondréis a escribir... y al cabo de los años, cuando lo leáis, diréis incrédulos: «¿Esto lo escribí yo?».
Después sonreiréis con tristeza y pensaréis: «Qué buena era, joder».

Hoy quería hablaros de amor. De héroes, de lágrimas y sonrisas. Hoy quería hablaros de un recuerdo.
Y qué es un recuerdo sino una huella en el sendero que guarda un momento feliz.

4 comentarios:

Rebeka dijo...

Me ha encantado esta entrada amiga, tienes tanta verdad en ella que no puedo hacer otra cosa que decirte: pero que buena eres joder!!!

Sigue escribiendo entradas como ésta mostrando lo que vales.

Mil besos amiga.

Beka.

P.D: Siento haberte despertado recuerdos acallados si eso te produce tristeza :-(

Francesc dijo...

¡Qué maravilla de post, Mai!

Me ha llegado al fondo del alma, donde los momentos felices se convierten en melancolía.

Un beso muy grande

Mai dijo...

Rebeca, por favor, qué tristeza. El recuerdo que despertaste vive conmigo. Forma parte de quien soy. Además, me encanta hablar de ella, de quién fui con ella y de quién soy gracias a ella :)

Gràcies, Francesc :)

Rebeka dijo...

;-)