16 mar. 2014

Confesiones de una escritora desequilibrada

He perdido la cuenta de las veces que he empezado esta entrada. También he perdido la cuenta de esas veces que he tirado la toalla, me he hundido en mi propia miseria, me he cabreado conmigo misma, me he levantado y me he puesto en marcha otra vez.
He perdido la cuenta y no me extraña. Nunca fui de números. No me gusta ni restar, ni dividir; y nunca se me dieron bien las despedidas.
También perdí la cuenta de cuántos blogs abrí y, tiempo después, cerré.

Tampoco recuerdo, exactamente, cuántas cosas quise ser de pequeña.

Cuando tenía diez años, mi madre me apuntó a mecanografía. Lo hizo porque, por aquellos días, era bueno llevar a los niños a las extraescolares (hoy también, claro) Pero las actividades de entonces, distan bastante de las de ahora.
Es como el corto de ¿Bailamos?. Supongo que mi madre pensó que era lo mejor para mí.
Además de mecanografía, hacía natación. Así tenía dos días de deporte, dos días de instrucción y el viernes que era para hacer lo que yo quisiera. En aquel momento: patinar.
Detestaba los ejercicios de meca: jkl, fds, jkl, fds, jkl, fds...
Las horas se hacían eternas mientras llegaba la noche y, de fondo, escuchaba recitar a poesías, diálogos y las risas de los niños que iban a teatro.
¡Qué envidia les tenía!
Aún así, mis extraescolares me enseñaron tres cosas muy importantes: a andar erguida, a teclear esta entrada usando todos los dedos (correctamente) y que siempre que me cayese al suelo, me levantaría (¡benditos patines!)

Pero sigamos con las cosas que quería, que pierdo el hilo.
  • Bailarina
  • Actriz
  • Pintora
  • Maestra
  • Astrónoma
  • Escritora
Si quise ser algo más, no lo recuerdo. Lo que sí que no olvidaré jamás, es la fuerza con la que defendí querer ser astrónoma (aunque los números no fuesen lo mío) y lo mal que estoy defendiendo ahora, sí, ahora, querer ser escritora.
Porque ya no soy aquella niña indecisa. Ya no tengo que ir a mecanografía «porque es bueno para mi futuro». Tampoco tengo que rezar para que no hayan plazas en informática porque lo que de verdad quería hacer era teatro. Lo conseguí, por cierto.
Sólo tengo que escribir.
Sólo escribir y hace unos meses cierro CdP y me quedé tan pancha.

La verdad es que me cansé de ser optimista. Me cansé. Dejé que las malas noticias ensombrecieran lo mejor de mi vida: las palabras.
Olvidé que tengo un súper poder (gracias, Begoña), olvidé que hay gente que apuesta por mí...
Me olvidé que os tengo ahí, al otro lado de la pantalla.

Cerré CdP y casi me asfixio... Y yo quiero respirar.

No os prometo un camino llano, como diría el cantautor. Os prometo ser yo misma. Ser la cazadora de palabras, la niña que contaba estrellas y, quizá, con un poco de suerte, la escritora que quería y quiero ser.

Cazadora de Palabras ha vuelto.



1 comentario:

Loving.Paris dijo...

Sabes que me alegro un millón de que vuelvas y te comprendo completamente cuando dices que no defiendes ser autora, ¡es complicado! y nos hace falta un aliciente.
Prometo pincharte cada semana por texto nuevo.

Love, Loving